La desalación mediante ósmosis inversa gana protagonismo en Chile como respuesta a la escasez hídrica, el crecimiento urbano del norte y la transformación de la minería hacia un mayor uso de agua de mar.
Cuando una persona abre la llave en Antofagasta, el agua que recibe puede haber llegado desde el océano. Lo que hace algunos años parecía excepcional, hoy forma parte de una transformación mayor: en el norte de Chile, la ósmosis inversa se ha convertido en una de las tecnologías más relevantes para enfrentar la escasez hídrica, abastecer ciudades y reducir la dependencia de fuentes continentales en la minería. Desde marzo de 2025, Antofagasta y Mejillones quedaron abastecidas 100% con agua desalada, con una capacidad de producción de 1.436 litros por segundo, tras la ampliación de la planta Desaladora local.
En términos simples, la ósmosis inversa es el proceso que permite desalar agua de mar. Para lograrlo, el agua es sometida a alta presión y forzada a pasar por membranas que retienen sales e impurezas, dejando un caudal apto para uso industrial y, con tratamientos complementarios, también para consumo humano. En un país marcado por la sequía prolongada y por una fuerte demanda hídrica en zonas áridas, esta tecnología dejó de ser una solución periférica y pasó a ocupar un lugar central en la discusión sobre desarrollo y sostenibilidad.
Una tecnología clave para el Chile que viene
La historia reciente muestra que Chile ya no está discutiendo si la desalación será importante, sino qué tan rápido y con qué escala seguirá creciendo. Desde la pionera experiencia de Michilla en los años 90, pasando por la expansión de Escondida desde 2006 y 2018, hasta el abastecimiento urbano total de Antofagasta y los nuevos proyectos mineros en desarrollo, la ósmosis inversa pasó de ser una innovación incipiente a una herramienta clave para sostener el futuro hídrico del norte.
TÚ PUEDES COLOCAR UN FILTRO “DE OSMOSIS INVERSA” EN EL LAVAPLATOS DE TU CASA Y OBTENER “Agua pura”
UN APORTE DEL MEDIO DIGITAL “RETRONEWS”


